Miguel Vilcarima: “Tengo mucho ilusión con mis compromisos en las coronas”
septiembre 10, 2024
Por: Abrahan Carvajal - noviembre 12, 2018
Pero, el hipismo es así, voluble, impredecible, sorprendente. Un mes después, el vistoso alazán confirmó lo que siempre creyeron sus conexiones: «Es un caballo especial». Derrumbó suposiciones con una victoria gallarda, en la máxima prueba para los juveniles de Monterrico, dejando atrás esa mancha de su anterior presentación.
«El Ortíz de Cevallos fue una carrera totalmente falsa. Pero, era cuestión de darle tiempo al tiempo. Ya para el Derby, Arias lo preparó con tino. De menos a más, el potrillo recuperó el apetitito, se iba poniendo cada día mejor hasta alcanzar su nivel», reflexionó Gilbert Valle, su vareador y compañero de siempre desde que llegó a Monterrico.
Aquel que le había quitado el invicto a otro estelar, Keaton, el mismo que había galopado en la Polla, esa tarde, se mostró vulnerable, incapaz de seguir el paso de sus rivales. «En el cánter, cuando regresó de correr, me hicieron trotarlo y llegó prendido. Sus ancas estaban duras como una roca. El caballo se había volteado y además se chocó con los fierros y es por ello que su carrera fue complicada», recordó Valle, reconociendo que el potrillo daba ventajas de camino a la carrera.
Llegó el momento de aterrizar y asumir la derrota. Ahora la tarea que ocupaba a su establo era evaluar su estado y decidir sobre su futuro. Los días posteriores reflejaron que esa ligera inflamación del tendón de la mano izquierda que aquejó al potro estaba cediendo. Su entorno: veterinarios, preparador y dueño decidieron ir por la ‘grande’, contra viento y marea, buscarían la revancha.
«Para el Derby me di cuenta a falta de tres semanas que volvía a ser el de siempre. Le decía al prepa: ‘Ya el caballo pisa mejor’. Cuando yo lo caminaba, me arrastraba, eso me daba esperanza«, dijo Valle, quien ha estado en estos escenarios. Así como ocurrió en las coronas del 2001, con Maeto, aquel potrillo que estuvo a un tris de alcanzar la gloria con Edwin Talaverano.
«La vida es así. También me dio desquite. Talaverano me confirmó cuando lo trabajó y me dijo ‘Ya está bien‘. Él es un maestro y fue clave para el triunfo», reconoce el humilde trabajador, quien quebró la voz cuando se le consultó sobre esos minutos previos a la carrera.
«Solo le pedí a Dios que demostrara lo bueno que es», soltó para luego recobrar la compostura y continuar con el relato. «Ya en carrera, tuvo esa chispa. Se colocó bonito. Yo solo esperaba los 400 finales. También pensaba que no había corrido la distancia, allí me dije: «Está bien pulmoneado y va a llegar«.
VÍDEO: Derby Nacional 2018.
En esos instantes, segundos en los que estalla el corazón, su compañero se lanzó a la pista. «Salí a buscarlo. En los 150 finales corrí hacia mi potrillo. Muchos no saben, pero los caballos olfatean a distancia y reconocen a sus amigos. Había que hacerle ver que lo esperaba«. Y llegó, con el frenesí del público, confirmó que es el mejor de la generación.
«Bien, hijito, has hecho tus méritos, le hemos tapado la boca a los que hablaron mal de ti, no te preocupes de aquí en adelante», fueron las primeras palabras de su compañero al campeón. La tarea cumplida con creces. Horas después, todo Ok, Ancelotti se muestra sereno y entero. «De respiración llegó muy bien. Tanta gente involucrada en esta satisfacción. Agradezco al capataz (Santos). Él me apoya siempre, a veces cuando estoy atareado, me da la mano. Hay que reconocer, por ese agradecimiento, Dios premia«, dijo mientras levanta la mirada y cierra el puño.
Por lo pronto, el potrillo se muestra tranquilo, como si lo hecho el domingo hubiese sido solo rutina. «Está ganoso, mordelon como siempre me recibe. Ahora, entiendo que el preparador y su dueño piensan darle un merecido descanso», vaticina sobre una etapa que se cerró por la puerta grande y desde ya reclama un nuevo capítulo.