Jueves 12 de Marzo de 2026

(VIDEO)Entrevista exclusiva a Jacinto Rafael Herrera

Por: Equipo Contacto Hípico - julio 18, 2017

Uno de los mejores jinetes del medio, relatando su inicio así como las diferentes etapas de su vida profesional.

Eterno protagonista en la historia hípica de Perú es, sin dudas, Jacinto Rafael Herrera. Ya bordeando el hito de los seis mil triunfos, lo que sería un colofón soñado de una carrera más que honorable. En esta ocasión, el Jockey limeño atiende la invitación de Contacto Hipico, corre la cortina y sostiene diálogo con Daniell Rojas para brindarnos un pasaje por tres décadas de experiencia incalculable, con muchas alegrías ,pero tambien episodios de dolor que forjaron al hombre de hoy, un señor dentro y fuera de las pistas:

JACINTO HERRERA: “SIEMPRE MOSTRARÉ EL MISMO ESFUERZO Y DEDICACIÓN”

Como releer un buen libro. Así se vivió la reaparecida triunfal de Jacinto Rafael Herrera el pasado viernes en la arena de Monterrico. Lo hizo sobre Luchales en una carrera en la cual derrotó a su rival generacional Edwin Talaverano. Son 30 años de historia, de éxitos incesantes y un nombre bien ganado como ya un “maestro del sillín”.  5700 victorias, cinco estadísticas – entre Perú y Argentina- haber sido el conductor de grandes pisteros como Wally, Gentleman y el local Misilero, un breve pasaje por la vida del “jockey de las grandes atropelladas”, quien viene a Lima a echar el resto en casa para despedirse a lo grande, eterno triunfador.

Luego de tu rodada en 2008, verte montar es un milagro pues, inicialmente hasta se dudaba que pudieras caminar ¿Qué te impulsó a volver?

 Jacinto Rafael Herrera (JRH): Cuando caí, en 2008, estaba quebrado por todos lados. Mi recuperación fue día a día. Recuerdo de salí de la operación y le decía a mi gente “pásenme el casco que me están llamando”. Todavía estaba shock, enchufado y no confrontaba la realidad hasta que me habló el doctor y me dijo: “Saliste bien, pero olvídate del turf”. La rodada me afectó severamente la zona baja de la columna. Siempre tuve el apoyo de toda mi familia y, en especial, de mi esposa María, con la cual esta semana, justo cumplí 27 años casados. Cumplía todas las terapias, fue un proceso muy lento. Pero, creí que podía dar más y deseaba que mis hijos me vieran montando.

 Cuéntanos tus inicios en esta pista de Monterrico….

JRH: Es una actividad que me gustó desde chico. Mi padre y mi tío – Julio y Guillermo- ya eran jinetes, de modo que el gusto ya era natural, además que avancé muy rápido. Debuté a los 15 años, un agosto de 1986. Recuerdo que entré quinto con La Tortuga. Había unos jockeys tremendos. Era la vieja guardia, encabezada por Jorge Chávez, Arturo Morales, Melanio y Gonzalo Rojas; Enrique Jurado y mi tío Guillermo. Cada uno de ellos era un maestro y yo anhelaba correr contra ellos. Además había venía la promoción previa encabezada por Talaverano, nosotros veníamos subiendo y ellos bajando.

Vino tu primer triunfo, el doctorado en tiempo record, de arranque ¿aspirabas estadísticas?

JRH: En ese agosto del 86” con Acuamanda, una pensionada del stud Sundown, inició mi historia.  Luego me doctoré en menos de tres meses, concluyendo séptimo en la estadística. Al año siguiente, escoltó a Jorge Chávez, quien en el 89”, decide marcharse a USA y yo asumo el liderato, ganándole a otro gran jinete como lo es Edwin Talaverano. Conseguí el éxito muy rápido. Ya a los 17 años era campeón, pero nunca me maree con el éxito, lo asumí con madurez.

 Llegó tu pase a Argentina donde te mantuviste entre los entre los mejores durante dos décadas con La Quebrada ¿Qué rescatas  de lo vívido?

JRH: Siempre se tiene que estar cuidado y bendecido por Dios,  puedes ser una promesa pero por un accidente o mala cabeza, te truncas la carrera y no pasas de ser solo un proyecto inconcluso. He contado con el apoyo, pues me he mantenido con esfuerzo, trabajo y humildad. Conté con la fortuna de ser visto por Hernán Ceriani Cernadas, dueño de La Quebrada quien me lleva a la Argentina y me confía sus mejores caballos. Él fue un buen jefe. Al principio fue duro, otro clima, otros hipódromos y tenía que romper el hielo con los profesionales del patio. Me costó un poco ganar. Me hacían la vida imposible. De hecho cuando llegué tuve un roce con Valdivieso por un tropiezo en carrera, pero luego de seis meses ya puedo decir que nos convertimos en buenos amigos.

Fuiste un estelar en Argentina contra notables profesionales ¿Cuál fue el secreto para mantenerte por dos décadas?

JRH: Era una  hípica muy competitiva, aunque para la crítica el jockey argentina no estaba en el nivel más alto por no usar el filete sino el freno, ,más al estilo campestre. Llegué en el momento que mandaba Jorge Valdivieso, luego llegó Pablo Gustavo Falero y protagonicé con ellos dos décadas lindas, donde tuve la fortuna de ganarles tres estadísticas. Falero es un monstruo, gran jinete, pero también tuvo la suerte de contar con mejores montas.  Las pistas de Argentina presentan rectas muy largas, sobre todo la de San Isidro, allí me costó un poco adaptarme, hasta que le agarré la mano. Creo que el secreto estuvo siempre en no apurarme. Cuando parece que se está llegando a la meta, apenas es que comienza la recta. Por tanto, guardar caballo era clave, por eso cuando los llamaba a correr, me respondían sólidamente.

Has observado tantos buenos jinetes ¿De quienes intentaste o lograste aprender más?

JRH: En mis inicios en Monterrico, en los clásicos, veía y disfrutaba las definiciones de Tulo Morales y mi tío Guillermo. Me encantaba la inteligencia y lo calculador que mostraba Tulo. Fue un orgullo para mí, batirme con ellos al poco tiempo. Me tocó ganarles y perder. Cada final, cada desafío era una lección. Y eso creo que es lo que podemos significar Edwin (Talaverano) y yo para esta camada de jockeys que están en Monterrico, ojalá también intenten copiar una trayectoria impecable que  puedo modestamente decir que hemos logrado.

 Tantos campeones han pasado por tus manos ¿Con cuál te quedas?

JRH: Gentleman fue muy especial.  Con él gané la Polla y el Derby. Decían que no era un caballo de fondo. Lo tildaban de millero. Recuerdo que en la segunda corona, en pasto, me apuró el rival y aflojó. Pero, cuando fuimos al Derby en arena en 2500 metros. Lo corrí tranquilo, como si fuera la partida final, acorté la distancia y me respondió. Ganó solvente y de ahí se fue a Estados Unidos donde confirmó su clase.

Tuviste la experiencia en EEUU ¿Qué balance te dejó?

JRH: Reaparecí a finales del 2014 en Tampa Bay Downs, gracias al apoyo de mi amigo Horacio Barbarán. Luego alterné entre el circuito de Florida y Penn National, donde en global gané más de 20 carreras. Allá es otro mundo. La forma de trabajo es distinta. Si no tienes un buen agente, no eres nadie. Si no tienes apoyo es como luchar contra una muralla.

Has probado suerte como preparador ¿está en tus planes volver a serlo luego de colgar las botas?

JRH: En mi fase de recuperación luego de mi accidente, nunca me desvinculé a la hípica y mi experiencia como preparador la puedo catalogar de exitosa al ganar más de 70 carreras y clásicos con Watch Heir, una hija de Wally. De hecho, muchas de esas victorias las logré con Talaverano. De modo que cuando llegue el momento, mi camino inmediato será el dedicarme a la preparación.

Llegas en un momento donde el Circuito de Monterrico está dominado por una generación de látigos con notable talento ¿Cómo afrontas el reto?

JRH: Siempre he seguido lo que sucede en Monterrico a través de las páginas web que consulto así como Carlos Javier, mi hermano me mantiene al tanto. Hay buenos jockeys, sin duda, Carlos Trujillo y otros tantos excelentes.  El Perú es una escuela de jinetes de gran nivel. El jockey peruano es número uno. Hay inteligentes otros tácticos. En general son guerreros de gran habilidad.

Y… ¿Cómo es Jacinto Herrera?

JRH: Soy un jinete que me encanta correr de atrás, pero me adecuo a la forma de cada caballo. Ante todo soy un profesional y vengo a competir con los muchachos. Nada es fácil, pero siempre mostraré el mismo esfuerzo y dedicación. Dentro de lo que pueda intentaré enseñar; pero puede venir un chico y en carrera y darme una linda lección. De eso se trata: de dar y recibir.

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