Miguel Vilcarima: “Tengo mucho ilusión con mis compromisos en las coronas”
septiembre 10, 2024
Por: Abrahan Carvajal - octubre 12, 2021
En las buenas y en las malas. Centenares de personas se dan la tarea de acompañar a los caballos de Monterrico, como si fuese una extensión de su familia. Aunque es un trabajo remunerado, el vareador lo hace con pasión. Vive sus triunfos y fracasos con intensidad en una labor que inicia mientras la ciudad duerme.
Como una familia, la mayoría están conectados con ese mundo aparte que encierra Monterrico, a temprana edad. Los caballos no hablan, pero ese contacto permanente los lleva a descifrarlos y así facilitar la labor de los preparadores, en ese trabajo en equipo que algunas veces el purasangre premia en las pistas.
Personajes humildes, pero muchos de ellos con una mística que resplandece con los años. Al igual que el bullicio que estalla cuando su caballo cruza el disco en ganancia, da igual un clásico o un hándicap, la emoción es genuina.
Es tal la generosidad de esta actividad que Monterrico también enseña ‘dar la mano’ cuando muchos venezolanos, a su llegada desprovistos, encontraron cobijo en este digno oficio que hoy saludamos. FELIZ DÍA DEL VAREADOR.