Lunes 23 de Julio de 2018

La importancia del herraje (+ detalles de cómo se salvó a Marinero de Luces)

Por: Abrahan Carvajal - Junio 22, 2017

¿Por qué no se le parten las patas al caballo cuando va corriendo a tanta velocidad?, pregunta un niño curioso a su padre en la Tribuna de Monterrico. “Sin cascos no hay caballo”, le responde brevemente, en un intento de resumirle la importancia de una de las partes más delicadas de la anatomía del equino, el cual encuentra en un buen herrador, a uno de sus mejores aliados para evitar lesiones o minimizar su impacto a lo largo de su vida pistera.
“El caballo de carreras debe usar herraduras para evitar el excesivo desgaste de los cascos; por tanto los herradores llevan un trabajo importantísimo pues al garantizar un buen aplomo también se logra prevenir lesiones en nudos, ligamentos, cañas y paletas, siendo los traumas más recurrentes”,  señala el médico veterinario Carlos Izaguirre, al tiempo de agregar que un animal que promedia los 500 kilogramos, ciertamente debe tener un buen apoyo para soportar el impacto al correr de lo contrario “siempre reflejará molestias en sus articulaciones”.

La tarea comienza desde el haras. Muchos potrillos heredan problemas genéticos al nacer chuecos, pero tal situación generalmente se puede corregir. “A los dos meses de nacido, se despalman, se va cortando el casco dándole la forma correcta. Otros son cerrados de corva, esto se debe a que el caballo es herbívoro y al agacharse a comer pasto tiende a abrirse de manos y patas y se desgasta la parte interna”, explica Héctor Hurtado “Barraza”, uno de los herreros de mayor trayectoria en Monterrico. “El aplomo es todo. Sí no se hace un buen trabajo, el caballo sufrirá. Es como si se tuviera un calzado que no es tu medida, en algún momento tendrás problemas”, acota.
Barraza está acostumbrado a lidiar con problemas de todo tipo en su oficio de herrador. “A veces por pensar que ya el caballo está desahuciado, el propietario se desprende de una buena pieza y en nuestra experiencia está la solución. Recuerdo a Majestic Airbus, el cual por estar mal herrado sufrió de sesamoideo.  Le colocamos un herraje ortopédico y trabajamos el caballo durante un año, luego el caballo pudo ganar siete carreras”, recuerda.

El consenso de los especialistas apunta a que la clave está en atacar el tema a tiempo. “Lutz, el ganador del Latino que preparó mi padre, era un caballo topino. Es decir, los tendones de la parte trasera de la extremidad del caballo se encojen, ocasionando un tirón constante hacia arriba donde éstos se conectan con la estructura del talón. Allí el talón pierde contacto con el suelo y el caballo aparenta estar caminando sobre las puntas de los cascos. Fue necesario amoldarle una herraje especial, de lo contrario no hubiese el campeón que disfrutamos”, suelta  “Pocho” Arias, también veterinario.

Entre las recomendaciones básicas para garantizar un casco sano es su limpieza diaria, antes y después de entrenar. La falta de limpieza y camas excesivamente húmedas, son algunas de las causas que desencadenan en serios problemas. “Se deben colocar nuevas herraduras cada 30 días, pues el casco crece hasta un centímetro durante ese lapso. Además de elegir la talla adecuada para el caballo”, apunta Felix Espinoza, otro de los expertos en el oficio.
Es frecuente que en cada jornada de carreras, al menos algún corredor “larga” sus herraduras, influyendo enormemente en su desempeño. “Este se debe, en la mayoría de los casos, a tropiezos cuando un animal viene topándose con otro. Se alcanzan el talón y las herraduras se desprenden”, explica Espinoza, quien agrega que generalmente llegan lastimados a sus caballerizas, pero deben ser nuevamente herrados en lo inmediato. “De lo contrario, es como andar descalzo”, enfaliza.

En Monterrico no existe una escuela de herradores, aunque funcionan cerca de siete talleres que engloban a 14 personas acreedoras de este oficio. “No hay aspirantes a herreros desde hace mucho tiempo. Algunos antiguos se han ido al extranjero, teniendo como destino a Chile y Argentina. Otros han explorado otros mercado como los caballos de paso o equitación”, detalla Feliciano Aguilar, dedicado a este oficio desde hace más de tres décadas, quien sube la mirada y recuerda sus inicios.
“Se empieza como cualquier aprendiz, cargando las herramientas del maestro y recibiendo propinas por ello, sacando los herrajes y remachando. Luego tienes que ir a los criaderos, donde se aprende a cortar los cascos de los potrillos, poco a poco, pues en el hipódromo no es permitido. Los preparadores y dueños son bien celosos con los caballos. Hay que tener experiencia y tener el visto bueno del Jockey Club del Perú”, aclara Aguilar.

“Esto es 95% práctica y un 5 %  de teoría. Es un oficio que reclama mucha observación. Muchos cortan y colocan los clavos y ni siquiera los ven caminar para constatar si quedaron bien aplomados o no, luego los problemas estallan en los entrenamientos y en carrera cuando los caballos asoman dolencias”, explica Barraza, quien también cree que el bajo costo que cancelan por este trabajo es un factor de desmotivación. “60 soles es un pago promedio por un herraje. En nuestras manos está un producto, cuyo valor es de 20 mil o 30 mil dólares”, reflexiona.

Conozca los detalles del caso de “Marinero de Luces” y qué tan determinante resultó el trabajo del herrador José Antonio Aresse, para lograr que vuelva a correr y salvarlo de infosura, de igual modo nos hablará sobre el trabajo de ortopedia en los cascos del caballo y otras experiencias propias de su oficio, a través del siguiente video:

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